viernes, 12 de septiembre de 2014
ORACIÓN
El reloj de Dios
Señor, al comenzar este nuevo curso
te pido que me regales un nuevo reloj…
No, no, ni digital ni a pilas ni a cuerda,
quiero uno muy especial, quiero tu reloj…
Un reloj que no marque las horas que me quedan
ni los días que faltan para el fin de semana…
Un reloj que marque solo y exclusivamente
segundos, instantes, oportunidades para hacer el bien.
Un reloj que se pare cuando alguien entre en apuros,
que se adelante para ver las necesidades del otro
y que se atrase para pedir perdón…
¿Un reloj de pulsera o de pared? No; mucho mejor; de corazón.
Tomado de Pastoral La Salle
Un reloj en cuyos números aparezcan nombres:
María, Ana, Carlos, Alejandro, Yolanda,…
Nombres y más nombres de amigos, de compañeros,
de hermanos que Tú, Señor, cada día pones en mi camino.
Un reloj cuyas agujas acaricien, abracen, sirvan,
Ayuden, perdonen, escuchen, compartan…
y en cuya esfera aparezca tu rostro de Padre
y de amigo y de compañero de clase, de juegos o de salida.
Un reloj con un gran despertador
que despierte mi conciencia y mi indiferencia,
y que me recuerde levantarme cuando me caiga
y ponerme en camino cuando me detenga.
Un reloj con cronómetro incorporado,
no para estresarme, angustiarme o deprimirme,
sino para aprovechar a tope cada día que Tú me regalas,
cada segundo que Tú conviertes en un nuevo reto, en una nueva oportunidad.
Señor, al comenzar este nuevo curso
me pongo mi nuevo reloj…¡Tu reloj!
Bendice cada una de las horas, minutos y segundos
que voy a pasar, codo a codo y corazón con corazón, a tu lado.
Publicado por
CRISTINA
miércoles, 10 de septiembre de 2014
MEDUSA Y PERSEO
Medusa y Perseo, leyenda
griega para niños
En el tiempo
de los dioses y los héroes, hace mucho, vivían en la región del monte Atlas
unas hermanas espantosas, conocidas con el nombre de Gorgonas.
La más
terrible de ellas se llamaba Medusa. De la cabeza de Medusa, en lugar de
cabellos, salían culebras vivas.
Y cuando
Medusa veía cara a cara a un hombre, a un perro, a un ser vivo, el hombre y el
perro y el ser vivo quedaban convertidos instantáneamente en estatuas de
piedra.
A lo largo
de los años, muchos héroes valientes y bien armados habían venido a la región
del monte Atlas para matar a Medusa. Ninguno había podido matarla. Por todas
partes se veían guerreros y más guerreros, en actitudes diversas, pero
inmóviles y tiesos porque eran ya estatuas.
Entonces
vino Perseo, hijo del dios Júpiter. Perseo sabía qué peligrosos eran los ojos
de Medusa, pero venía muy bien preparado. Tenía una espada encorvada,
filosísima, regalo del dios Mercurio, tenía un escudo muy fuerte, hecho
de bronce, liso como un espejo.
Y tenía
también unas alas que volaban solas cada vez que él se las acomodaba en los
talones.
Llegó, pues,
volando. Pero en vez de lanzarse contra Medusa, se quedó algo lejos, sin
preocuparse más que de una cosa: no mirarla nunca cara a cara, no verla a los
ojos por ningún motivo.
Y como era
necesario espiarla todo el tiempo, usó el escudo de bronce como espejo,
y en él observaba lo que ella hacía.
Medusa iba
de un lado para otro, esforzándose en asustar a Perseo, Gritaba cosas
espantosas, y las culebras de su cabeza se movían y silbaban con furia. Pero
nunca consiguió que Perseo la viera directamente.
Cansada al
fin, Medusa se fue quedando dormida. Sus ojos terribles se cerraron, y
poco a poco se durmieron también sus culebras. Entonces se acercó Perseo sin
ruido, empuñó la espada y de un solo tajo le cortó la cabeza.
Durante toda
su vida conservó Perseo la cabeza de Medusa, que varias veces le sirvió para
convertir en piedra a sus enemigos.
FIN
miércoles, 3 de septiembre de 2014
jueves, 28 de agosto de 2014
martes, 26 de agosto de 2014
EN NUESTRA CLASE
lunes, 18 de agosto de 2014
miércoles, 13 de agosto de 2014
martes, 12 de agosto de 2014
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